lunes, 12 de noviembre de 2012

JOYAS



Ballet en tres actos sin argumento. Coreografía de George Balanchine, Música de Gabriel Fauré, Igor Stravinsky y Pyotr I. Tchaikovsky. Estrenada en 1967 por el New York City Ballet. 

Balanchine contó que la idea de este ballet surgió tras la visita que realizó al joyero Claude Arpels, propietario de una de las mejores joyerías de Nueva York, Van Cleef & Arpels. Y eligió la música que revela la esencia de cada joya. 

Esmeraldas. Con música de Gabriel Fauré (Pelleas y Melisande, 1898, y Shylock, 1889). Es una poética evocación de la Francia Romántica, con movimientos propios de los grandes ballets románticos del siglo XIX, como Giselle, con figuras simétricas, ritmos regulares y elegantes, brazos etéreos. Está interpretado por dos parejas, tres solistas y diez bailarinas, todos de verde.

Rubíes. Con música de Igor Stravinsky (Capricho para piano y orquesta, 1929). Representa la vitalidad de EE.UU, donde la música y el baile se ven altamente influídos por los musicales de la década de los años 30 y el jazz, en una coreografía vital y sensual, mas moderna. Interpretada por una pareja, una solista y el cuerpo de baile mixto. Todos con brillantes vestidos rojos.



Diamantes. Con música de Tchaikovsky (Sinfonía nº3 en D mayor, 1875), el compositor del ballet ruso por antonomasia. Evoca el perdido esplendor imperial de su Rusia natal. Realiza una coreografía donde sintetiza el arte de los grandes coreógrafos imperiales, Marius Petipá y Lev Ivanov. Representa el momento mas romántico y grandioso de la obra. Interpretada por una pareja principal, un grupo de solistas y el cuerpo de ballet completo. Todos de blanco y las bailarinas con tutú.




Gracias a los colores (verde, rojo y blanco), a las músicas (Fauré, Stravinsky y Tchaikovsky) y a la excepcional coreografía de Balanchine, este ballet ofrece unos contrastes muy fuertes e intensos. 

Es un viaje por los tres países donde desarrolló su carrera : Francia, Rusia y EE.UU. Un viaje por las tres escuelas de ballet y la coreografía, la música y el estilo evoca cada una de ellas. La coreografía de Balanchine es una verdadera exposición de sabiduría clásica, de virtuosismo, de pasos a dos, variaciones, danzas de conjunto, de gran dificultad técnica.