martes, 31 de enero de 2012

Vaslav Nijinski




Bailarín y coreógrafo ruso de origen polaco, nacido en Kiev en 1889. En 1898 comenzó sus estudios de danza en la Escuela Imperial de San Petersburgo, donde se graduó en 1907. Aquel año entró a formar parte de la compañía de ballet del Teatro Mariyinsky. Consiguió rápidamente un gran éxito, convirtiéndose en la pareja de bailarinas de la talla de Karsavina, Preobrajenska y Kschessinka.

Pronto de encontró con Diaghilev, quien le convirtió en la estrella de los Ballets Russes, durante sus temporadas en París. Llegó a ser un ídolo, tanto por su interpretación de los clásicos como por su actuación en obras de Fokine como Le Pavillon d' Armide, Las Sílfides, Cleopatra, El espectro de la rosa, Petrushka y Dafnis y Cloe.

En 1911 fue expulsado del Ballet Mariinsky al considerarse indecente la indumentaria que lució para interpretar Giselle. Diaghiliev convirtió Les Ballets Russes en una compañía estable, con Nijinski a la cabeza, que empezó a representar coreografías como L'Après midi d'un Faune (1912) y Jeux (1913), con música de Debussy, y La Consagración de la primavera (1913), con música de Stravinsky. Todas estas obras no fueron bien comprendidas en su momento porque rompían radicalmente con la tradición, pero actualmente se considera que fueron el origen de muchas de las coreografías de vanguardia que se crearon años después.

Durante una gira por Ámerica del Sur, se casó con la bailarina húngara Romola Pulszky, hecho que significó su ruptura con Diaghiliev y que marcó el principio de su decadencia. Intentó crear su propia compañía en 1914, pero fracasó. Al estallar la I Guerra Mundial se encontraba en Hungría, donde fue encarcelado por su nacionalidad. En 1916 Diaghilev logró sacarlo del país para llevarlo de gira a EE.UU. Comenzó a presentar claros signos de demencia. Instalado en Suiza, su mente sufría cada vez más alteraciones y comenzó entonces su largo peregrinaje por los hospitales mentales. En 1947 su familia y el se instaló en Londres, donde murió en 1950.

Como bailarín tenía una técnica excepcional y un instinto dramático innato. Y como coreógrafo, demostró ser un pionero de la danza moderna.